El juego de la Gallinita Ciega

Quién no ha oído hablar de este juego. Pues aún siendo tan conocido hay mucha gente que no ha jugado a él, y es una pena porque aporta muchos beneficios.

Es curioso que aunque hay autores que dicen que sus orígenes hay que buscarlos en juegos latinos llamados «Yo soy ciego de Granada» (Rodrigo Caro S.XVII), hay otros, como Coluccio en 1988, que indican que su origen viene de ritos antiguos relacionados con adoraciones prehistóricas. Curioso, ¿verdad?

Lo que está claro es que el juego de la Gallinita Ciega antes tenía más relevancia que ahora, pues se jugaba en muchos países del mundo, incluso lo jugaban las tribus aborígenes de Australia (lo llamaban Trampita Yaaltji) y que incluso pintores como Pieter Brueghel el viejo en 1560 o Goya en 1788, dedicaron su tiempo en plasmarlo en lienzos.

Pero bueno vamos a lo práctico. Para jugar a este juego sólo necesitas una venda para tapar los ojos al que haga de gallinita ciega. Echa a suertes quién será y tápale los ojos para que no pueda ver nada. Cuando lo hayas hecho y hayas comprobado que no ve nada, le preguntaréis:

Gallinita, ¿qué has perdido?

Y ella ha de contestar sin moverse del sitio:

Una aguja y un dedal.

A lo que los demás responderán:

Da tres vueltas y los encontrarás.

Entonces, el que hace de gallinita ciega ha de dar tres vueltas sobre sí mismo e intentar atrapar a algún jugador. Cuando lo consiga, puede tocarle la cara para adivinar quién es. Si lo ha reconocido, dirá su nombre en voz alta. Si ha acertado, le tocará parar a él, pero si no, tendrá que seguir buscando.

Pues bien; si ahora lo analizamos y lo traducimos en términos de terapia o desarrollo para un niño, encontramos que estamos trabajando o estimulando: Percepción y orientación espacial, esquema corporal, concepto corporal, discriminación izquierda-derecha, dirección del movimiento, memoria e imaginación, procesamiento sensorial táctil y auditivo, desarrollo de expresión oral, motivación, tolerancia a la frustración y autocontrol emocional.

A este juego, al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia o del país donde se jugaba (los aborígenes de Australia utilizaban una especie de sonajero fabricado con huesos para llamar la atención de la gallinita ciega) lo podemos modificar a nuestro intereses para obtener mayor desarrollo de habilidades. Por ejemplo:

Los jugadores harán un corro alrededor de la gallinita ciega y uno de ellos hará sonar un instrumento (sonajero, campana, tambor, pandereta…). La gallinita ciega, después de haber dado tres vueltas, se tendrá que dirigir para tocar al jugador que hace sonar el instrumento. Procesamiento sensorial auditivo, orientación espacial, atención, reconocimiento de conceptos.

Cada jugador que no sea la gallinita ciega llevará un objeto y la gallinita ciega cuando consiga tocar a un jugador tendrá también adivinar con el tacto que objeto lleva. Procesamiento sensorial táctil, percepción y discriminación táctil, esterognosia, constancia de la forma y reconocimiento de objetos.

Y con imaginación podéis hacer más modificaciones, pero eso si, siempre jugad con seguridad y en un entorno controlado.

Sheron de la Hoz